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Joaquín Pasos y su “Canto de guerra de las cosas”

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Joaquín Pasos representa para mí el primer contacto con la literatura verdaderamente contemporánea de Nicaragua. No solamente sus letras y su obra son palpables y entendibles por nosotros los habitantes actuales de este pequeño país centroamericano, sino también su vida llena de aventuras y desventuras: una especie de Quijote moderno y desconocido.

Dentro de sus poemas recuerdo con mucho cariño el que se titula “Canto de Guerra de las cosas”. Una verdadera visión futurista aunque pesimista de la realidad venidera y aplicable al globo terráqueo. Una narración descriptiva de la naturaleza humana a través  la historia y una acertada visión de la historia que estamos forjando en la que finalmente terminaremos con la destrucción total de nuestros recursos, para concluir con la adoración de las cosas que actualmente vemos con desprecio.

Les dejo con un gragmento del poema:

Cuando lleguéis a viejos, respetaréis la piedra,
si es que llegáis a viejos,
si es que entonces quedó alguna piedra.
Vuestros hijos amarán al viejo cobre,
al hierro fiel.
Recibiréis a los antiguos metales en el seno de vuestras familias,
trataréis al noble plomo con la decencia que corresponde a su carácter dulce;
os reconciliaréis con el zinc dándole un suave nombre;
con el bronce considerándolo como hermano del oro,
porque el oro no fue a la guerra por vosotros,
el oro se quedó, por vosotros, haciendo el papel de niño mimado,
vestido de terciopelo, arropado, protegido por el resentido acero…
Cuando lleguéis a viejos, respetaréis al oro,
si es que llegáis a viejos,
si es que entonces quedó algún oro.
 
El agua es la única eternidad de la sangre.
Su fuerza, hecha sangre. Su inquietud, hecha sangre.
Su violento anhelo de viento y cielo,
hecho sangre.
Mañana dirán que la sangre se hizo polvo,
mañana estará seca la sangre.
Ni sudor, ni lágrimas, ni orina
podrán llenar el hueco del corazón vacío.
Mañana envidiarán la bomba hidráulica de un inodoro palpitante,
la constancia viva de un grifo,
el grueso líquido.
El río se encargará de los riñones destrozados
y en medio del desierto los huesos en cruz pedirán en vano
que regrese el agua a los cuerpos de los hombres.
 
Dadme un motor más fuerte que un corazón de hombre.
Dadme un cerebro de máquina que pueda ser agujereado sin dolor.
Dadme por fuera un cuerpo de metal y por dentro otro cuerpo de metal
igual al del soldado de plomo que no muere,
que no te pide, Señor, la gracia de no ser humillado por tus obras,
como el soldado de carne blanducha, nuestro débil orgullo,
que por tu día ofrecerá la luz de sus ojos,
que por tu metal admitirá una bala en su pecho,
que por tu agua devolverá su sangre.
Y que quiere ser como un cuchillo, al que no puede herir otro cuchillo.

Written by Con Efecto

June 19, 2007 at 5:33 pm

Posted in Poesía, Reflexiones

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